Mi versión de la lomografía
mi versión de la lomografía, originally uploaded by laureano.medeot.
Crédito de Photoshop para este site.
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O cómo la aventura funciona y bárbaro cuando ya pensabas que, listo, fue, no funciona más.
Lo primero que hice fue enamorame de Pamela Rambo (cómo va a tener un nombre tan hot una mujer). Lo segundo fue decir:
-Tengo que actualizar emorevs, ya que mi amigo Laureano va a incurrir en esa paradoja que es iniciarme juicio por falta de mérito.
Pamela Rambo es parte importante aunque no medular de “Y, the last man” o “Y, last man standing” como quieras decirle. Es la colorista, la que llena de luces y sombras esta obra escrita por Brian K. Vaugh y dibujada por Pia Guerra (que no me pareció tan linda y sexy como Pamela). Acá se llama “Y, el último hombre” pero yo soy de la generación que dice todo en inglés porque aprendí que “The Wall” no era “El muro” y “Sargent Pepper” no era el “Sargento Pimienta” y así.
No le pueden encontrar la vuelta a El Eternauta. Es que HGO: only one.

No sé tú, pero yo soy fans de la historieta (o cómic o novela gráfica, como le dicen los acomplejados que no se bancan ir leyendo una historieta en el bondi como este escriba). En particular de una de la que comencé a tener noticias hurgando en el altillo de casa paternomaterna (frase políticamente correcta). Bueno, no quiero dar más rodeos: El Eternauta, la obra maestra de Héctor Germán Oesterheld y de la historieta argentina + latinoamericana + mundial si no fuera porque existen Sin City, Maus, La broma asesina, Lo que está arriba y algunas gemas que niegan su medalla de oro (se respira espíritu olímpico en este teclado).
En fin.
Y como pasa con las obras maestras, paren hijos. Y generalmente son hijos medio torcidos. Como pasó con la segunda y tercer parte -sobre todo la tercera, porque la segunda tenía unos devaneos medio filosóficos del protagonista Germán sobre Juan Salvo que estaban buenos: y el cambio de Salvo, transfundido por viajar a través de los tiempos y las dimensiones estaba bueno. La tercera no, me pareció flojaza. Igual la tengo, igual la leí mil veces, o-bvio.
Via LOL God, notable blog de humor gráfico sobre religión. “Putting the fun back to Religion”, proclaman.
O cómo Frank Miller se convirtió en el mejor mejor mejor narrador del mundo.

La gente de Deux Studios did it! Por fin llegó a Neuquén (sí, estamos en el culo del mundo, llega todo tarde como en los 80) la última parte de “Give me Liberty”, la magistral, inaudita, prodigiosa, impar, no sé qué más, novela gráfica de Frank Miller y Dave Gibbons. Adjetivé mucho, sí, pero no es común que la personalidad que más me ha sorprendido en mi historia con la historieta siga haciéndolo. 18 años tiene “Give me Liberty” y yo recién llego a ella. Quizás es una suerte. Sí. Primero fue “Sin City” con el maravilloso Marv y ya el amor por Frank había nacido en mí. Luego vinieron algunas “Sin Citys” más y el “Regreso del Señor de la Noche” (Batman reloaded, viejo y autocompasivo: genial, refundante y, para algunos, el mejor Batman ever). Luego vino “Ronin” (25 años tiene: parece escrita ayer, si no fuera porque, te das cuenta, el dibujo de Frank ha venido evolucionando). Luego “300” y”Hard Boiled”, con un Geof Darrow dibujando inspiradísimo, hiperbólico, hiper sangriento. Un matrimonio creativo notable, el de Frank y Geof.
¿El nacimiento de un clásico? Me parece que sí.

Trillo se pone mejor con los años. Tá bien que hay mucho que él escribe y manda al exterior, así que eso no. Pero tuvimos en el 2003 a Sarna y luego la dulce y catártica Trillo y Grillo (aunque no me terminó de convencer el coloreado ni mucho menos la tipografía, pero no tienen nada que ver con Trillo, obvio). Y más o menos por el número 8 de Fierro, o el 9 o el 7, sale con, para mí, el mejor Trillo en muchísimos años: en dupla con Lucas Varela, pelan “El Síndrome Guastavino”. La historia del empleado de Ministerio (todo un dato) Elvio Guastavino, un sociópata, psicópata, psicótico (no sabría qué) cuya mente enfermiza y enfermada por una crianza algo brutal a manos de su padre, el Capitán Aarón Guastavino, que supo combatir la subversión, se enamora de una muñeca.
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