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Y, the last man.

O cómo la aventura funciona y bárbaro cuando ya pensabas que, listo, fue, no funciona más.

Lo primero que hice fue enamorame de Pamela Rambo (cómo va a tener un nombre tan hot una mujer). Lo segundo fue decir:

-Tengo que actualizar emorevs, ya que mi amigo Laureano va a incurrir en esa paradoja que es iniciarme juicio por falta de mérito.

Pamela Rambo es parte importante aunque no medular de “Y, the last man” o “Y, last man standing” como quieras decirle. Es la colorista, la que llena de luces y sombras esta obra escrita por Brian K. Vaugh y dibujada por Pia Guerra (que no me pareció tan linda y sexy como Pamela). Acá se llama “Y, el último hombre” pero yo soy de la generación que dice todo en inglés porque aprendí que “The Wall” no era “El muro” y “Sargent Pepper” no era el “Sargento Pimienta” y así.


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About the translations and other grasses.

Un febrero de hace muchos años me compré uno de los miles de libros de Bukowski que tengo de editorial Anagrama. Una beleza chiquita, casi pocket, a colores pantónicos variados y etc. Bueno, esas cosas lindas que hacen los gallegos, que tienen un mercado editorial “de la ostia tío” y hacen así. Ahora ya ni me alcanza con esto del euro y símil, pero esa época con 9 pesos te alcanzaba, ponele, “Erecciones, eyaculaciones & exchibiciones”. Pero bueno. El tema es otro.

Quería hablar de las traducciones.


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Bob Dylan y por qué es tan recontra buena la canción “As I went out one morning”

Bueno, vos que sos un lector fiel y periódico de este blog sabrás que nos gusta mucho Dylan y que lo hemos homenajeado encontrando y mostrándote unas fotos de él, haciendo algunas críticas, haciendo la previa a su show en Vélez y luego haciendo la critic de eso que fue una cosa rotunda y bella.

Pero también deberías saber que enamorarse de Dylan es enamorarse de medio siglo de historia de la humanidad: entenderlo o al menos intentarlo también tiene que ver con entender qué pasó o qué fue pasando.


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“Odio Cósmico”, una nueva sobre El Eternauta.

No le pueden encontrar la vuelta a El Eternauta. Es que HGO: only one.

No sé tú, pero yo soy fans de la historieta (o cómic o novela gráfica, como le dicen los acomplejados que no se bancan ir leyendo una historieta en el bondi como este escriba). En particular de una de la que comencé a tener noticias hurgando en el altillo de casa paternomaterna (frase políticamente correcta). Bueno, no quiero dar más rodeos: El Eternauta, la obra maestra de Héctor Germán Oesterheld y de la historieta argentina + latinoamericana + mundial si no fuera porque existen Sin City, Maus, La broma asesina, Lo que está arriba y algunas gemas que niegan su medalla de oro (se respira espíritu olímpico en este teclado).

En fin.

Y como pasa con las obras maestras, paren hijos. Y generalmente son hijos medio torcidos. Como pasó con la segunda y tercer parte -sobre todo la tercera, porque la segunda tenía unos devaneos medio filosóficos del protagonista Germán sobre Juan Salvo que estaban buenos: y el cambio de Salvo, transfundido por viajar a través de los tiempos y las dimensiones estaba bueno. La tercera no, me pareció flojaza. Igual la tengo, igual la leí mil veces, o-bvio.


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“Dreamin of you” el primer corte del último de Dylan.

Sí, hablamos mucho de Dylan, y a vos qué te importa, fan de Erreway?

Yo, si fuera Dylan o alguno de los que lo rodean, guardaría estas canciones para cuando ya no esté, así mi legado musical póstumo sería casi tan importante como mi obra en vida. Bah, al menos casi tan importante: no olvidar que nunca nadien, ni él mismo, podrá superar gemas como Mr Tambourine Man, Changing of the guards, Visions of Joanna y cientos más. Pero igual el Viejo se aseguraría que siguiéramos hablando de él por los siclos de los siclos. Raro en él, que no parece ser un librado al azar.

En fin.

Estamos hablando de las Bootleg Series number 8, ahora llamadas Tell Tale Signs, un disco doble con tomas inéditas de estudio del período 89-06, en vivo, rarezas, demos, que va a salir en octubre.

En este preciso momento estoy escuchando “Dreamin of you”, que me descargué del sitio bobdylan.com, del que soy usuario registrado y del que me llegan –para envidia de la gilada que me mira la computer por arriba del hombro- emails firmados como “Bob Dylan” –a pesar de que me los mande el webmaster, que seguro es enano, feo y húngaro.

“Dreamin of you” es el primer corte del disco y, además, es un outtake del, para mí, que soy un indio con dos orejas izquierdas, mejor disco de los últimos de Bob: Time out of mind. Y se le nota. Ese ritmito acompasado, esos sonidos como de alguien que se había olvidado de enchufar el equipo y lo hizo y se puso a trovar (como en el principio de Sick of Love). Ese balanceo como si cuando cantara se estuviera moviendo a lo Stevie Wonder. Y esa canción re apacible cuyo título (lo busqué en Google porque todavía me resisto a utilizar el neologismo guglear y me di cuenta de que es un título que ya sirvió para intitular canciones de Celine Dion y de Selena y que ni siquiera eso lo vulgariza) que habla de que está soñando con alguien, con vos, y lo está volviendo loco.

Bué, me extendí. No quería describir el disco porque si lo buscás en Google lo encontrás. Pero quiero que sepas que si los otros tres temas inéditos de Time out of mind son tan buenos como éste, a quién le vas a dar la razón cuando digo que es el más lindo y el más mejor de sus últimos discos? Eh?

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Un libro, otro, de fotos de Bob Dylan

Sheffield, 1966
Dice Feinsten:
“Vimos esta gran vidriera con las letras LSD.
Frenamos a mirar. Era un negocio de apuestas.
Bob entró a ver qué era pero no apostó nada. LSD era muy simbólico”.

¿Hemos hablado de Dylan, de Bobby, en estas benditas páginas?

Sí, ofcors que hemos hablando de Bob Dylan acá. Es uno de nuestro ídolos y encima lo amamos (sí, porque hay ídolos a los que no amás, pero a Bobby sí lo amamos). Resulta que Bob tiene un amigo, entre varios, que se llama Barry Feinstein y es un fotógrafo, gran fotógrafo. Hizo como 500 tapas de álbumes. Por ejemplo, para Harrison George, Joplin Janis, entre otros.

A Bob le hizo la tapa del disco “The times they are a-changin`”: ese Bobby con una caripela de minero, la piel curtida, la mirada al suelo, la cara desafiante en blanco y negro. LA facha. (Y sí, el amigo siempre tuvo facha, qué querés).

Y ahora se descuelga, me avisa mi amigo David que leyó en el Times (vos leés el Olé e Infobae, yo tengo amigos que leen el Times) con un librito dylanista llamado Dylan´s Real Moments, que captura los detrás de escena de su famoso primer concierto eléctrico, donde agarró la criolla, la enchufó y se pudrió bastante la cosa. Enjoy it.


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No Molestar de ahora me molesta muchísimo.

O el riesgo de pasar de ser lógico e hilarante a ilógico y denso total.

Cuando hace un par de años los muchachos de No Molestar! salieron a alegrarnos la vida, me alegraron la vida. En doble tándem con la notable y bien escrita Nah nos hicieron cagar mucho de la risa, hablando mal y pronto. Un espacio televisivo fresco, separadores únicos en el mundo, que nos hablaban a nosotros, que nos hacían divertir entre propagandas de celulares y de que cti ahora es claro (ah, no, eso fue antes, pero para que se entienda vio?).


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Travian, conquistar onlain

Ahora no te puedo dejar de jugar no te puedo.

 

Me resistí. Banqué los trapos desde mi trinchera 1.0. Desempolvé una vieja copia del Age of Empires I, incluso relacioné en mi mente (fruto de ciertos problemas que me hacen perder sinapsis, por un lado, y fruto de ciertas supersticiones que en este bloc no vienen al caso pero sí en su primo el antiyeta) que uno de sus primos, el famoso ogame, era fierro por culpa de un personaje semi metal que lo frecuentaba.

Pero en fin, terminé rindiéndome al mundo de los juegos onlain.

Ojo, soy un adicto al videojuego. Mal. Me gustan todos. Cuando salió el MAME (circa 1999 aprox) con mi coblogger sentimos que estábamos en la luna, era como el emulador de birra o como it´s raining women, más o menos.

Navegando no sé por dónde, vi el link. Y me metí a prueba. Una semanita, me regalaban 35 oros (fun-da-men-tales). Y me copé. Tarda, es de tiro largo. Yo recién voy una semana y recién tengo todos los recursos en 3, algunas construcciones y la empalizada (para que no se me metan los malosos). Mientras, sigo tratando de armar un buen ejército (soy galo). Prometo un post si me llego a cargar algún enemigo.

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Robert Dee, el peor jugador profesional de tenis.

Ojo: hay que tener talento para ser tan malo.

Este blog es el blog de la gente remadora, de los luchadores, de los únicos. Somos peronistas (de Perón, no de la momia riojana o símil). Somos los que se ponen del lado de la vaca, del lado del boxeador que cae y se levanta. Somos los que bancamos a Bukowski y le decimos buuu a Tom Wolfe, ponele. Por eso, en nuestra sección Pollo´s no vamos a mostrarte a Federer, Rayer. Te vamos a contar la vida de nuestro nuevo ejemplo vital: Robert Dee, el peor jugador profesional de tenis del mundo.


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“Flight of the Conchords”: en musicales, lo mejor.

Tiemblan Chicago, Cats y el episodio del Chavo donde cantan “Qué bonita vecindad”.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=DWoszhP6ofM[/youtube]

El otro día, aburriéndome en internet, encontré en metacritic que había salido un disco bastante nuevito llamado Flight of the Conchords (El vuelo de los Cóndores, para la gilada que no te habla inglés vistes). Era lo que me faltaba: el disco. Yo, por interpósita persona del David, compañero mío laboral, había visto la serie que acá en Argentina pasa HBO.
Cuenta la historia de dos muchachos neocelandeces que están en Nueva York. Tienen una premisa: triunfar en el mundo de la música con su banda, Flight of the Conchords. Pero lo que su torpeza realmente nos muestra es cómo no sólo intentan e intentan, sino que no les sale nada: hasta el más mínimo de los actos a realizar les cuesta horrores, básicamente gracias a que son dos siomes que para qué te cuento.
Hecha con dos mangos, es atípica para HBO (digo, por los dos mangos).
Pero lo que tiene de saliente es sus momentos musicales. No, no es Chicago ni esos horribles de la Disney que te hacen sufrir (si tenés hermanos hijos o símil en edad parvular y te los tenés que fumar): acá, ellos cantan –y esto es lo saliente, lo realmente hilarante- monologando interiormente. Y qué diálogos.
Check out y luego me decís.
Y si querés, me pedís el disco, que está buenazo igualmente.

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