King of Kong, o la vida en un juego de arcade
Creo que por recomendación de Microsiervos fue que hace un buen tiempo me bajé el documental King of Kong, A Fistful of Quarters, de 2007, y este sábado me pareció un buen plan de siesta y me puse a verlo.
El documental relata la historia detrás del record mundial del juego de arcade Donkey Kong, que fue lanzado por Nintendo en 1981 y al parecer es uno de los más difíciles entre los juegos clásicos. No me consta porque nunca le di mucha pelota, pero al parecer ya la primer pantalla es endiablada. El juego es el primero en la saga de los Kongs y marca el debut de Mario como personajes de fichines.
La cosa comienza en 1982. Una veintena de top gamers están reunidos para una producción de fotos de una revista, y entre partida y partida, uno de los más populares entre ellos, Billy Mitchell, mete un record imposible en Donkey Kong y queda erigido como un semidios del arcade. También por esos días Walter Day decide visitar a unos 100 gamers y logra cierto consenso para poner a andar Twin Galaxies, que se transforma en la asociación que en adelante vigilará los records de arcade de EEUU.
Todo es armónico hasta que Walter Day recibe un video de un tipo del estado de Washington, un tal Steve Wiebe, donde se ve cómo pulveriza el record de Mitchell al Donkey Kong, en una máquina propia que tiene en el garage de su casa. Y en ese preciso momento se pudre todo.
Hasta acá la trama, para no espoilear que es una mala cosa. Nada más voy a adelantar que por algo que a priori se antoja tan sencillo empiezan a aparecer elementos oscuros y complicados. En esta historia tienen lugar la mentira, las trampas, los amigos, las conspiraciones, la manipulación, las obsesiones, el Libro Guiness, la depresión, el triunfalismo, y muchas otras cosas. Y luego, dependiendo de la capacidad y ganas metafóricas de cada lector, también se puede ver un reflejo de la decadencia de la sociedad americana, sino occidental, y hasta una lucha entre el bien y el mal, o el camino de un guerrero, etc etc etc.
Y todo sucede con una cadencia tan interesante que pasa el documental y uno se ve atrapado en una trama que al final de cuentas no es más que una tremenda boludez. O sea: se trata de uno que le rompió el record a otro en una máquina de jueguitos electrónicos. Pero está tan bien narrado que vale la pena verlo. Y después olvidarse y pensar en algo que valga más la pena.

