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About the translations and other grasses.

Un febrero de hace muchos años me compré uno de los miles de libros de Bukowski que tengo de editorial Anagrama. Una beleza chiquita, casi pocket, a colores pantónicos variados y etc. Bueno, esas cosas lindas que hacen los gallegos, que tienen un mercado editorial “de la ostia tío” y hacen así. Ahora ya ni me alcanza con esto del euro y símil, pero esa época con 9 pesos te alcanzaba, ponele, “Erecciones, eyaculaciones & exchibiciones”. Pero bueno. El tema es otro.

Quería hablar de las traducciones.

Hay una leyenda urbana o no tan urbana que tira lo siguiente: Freud, el gran Segismundo, aprendió castellano a niveles escandalosos solamente para leer a Cervantes en original language (“Nuestro Cervantes” tiró un Secretario de Cultura neuquino de cuyo nombre no puedo acordarme graciadió). Por cuestiones de paja mental, jamás haría tal cosa más allá de que soy un gran erudito en inglés. Si voy a Inglaterra me dicen el inglés, con eso te digo todo. Pero no se me cae ningún ángel del cielo si digo que no, no leo mucho en inglés (excepto en internet: ahí sí, mucho). Los libros son para mí una especie de divertimento, de rélax. Y darle en inglés me liquida. Si a eso le sumamos que siempre me quedo dormido leyendo, imaginate cuánto en inglés le puedo encarar.

Por eso leo traducciones.

Y acá empieza el quid (o el kit: sí, seguro que de pibe no pensabas que era así), el meollo, el centro de alcachofa de la cuestión: a mí me gustan, me copan, me encantan las traducciones de Anagrama.

Primero está eso que yo llamo (yo, eh? Avisame si me fui al pasto o estoy bardeando) el pulso de la narración: la forma, la manera. Yo leo a Bukowski – y lo cito de ejemplo porque él es uno de los que escribe menos en inglés y más en sociolecto de él, de su calle, de su Los Angeles- y prefiero leerlo en su traducción española. Sí. Es la única manera en que siento su pulso ajeno a mí. Buk de pronto putea a los “cops” y yo leo que está puteando a la “pasma” o a los “maderos”, siento igual que está puteando a los cops. Qué querés que te diga.

Es el pulso que genera en mí esa traslación.

Pasma, maderos, polla, son para mí tan extranjeros como cock, cops, fuck. Entonces no hago esfuerzo intelectual para cazar inglés y sigo con pulso extranjero. Osea, me conecto con Hank trough el español.

¿Porque qué pasa si leo una traducción al argentino? La leo atravesada por ese famoso color local del que hablaba Georgie: los traductores argentinos no sólo traducen sino que lo aporteñan, lo argentinizan al relato. Como en esa bella película “Los Increíbles”: el fallido doblaje al argentino hace que los personajes paseen ¡por calle Corrientes!

Para leer un personaje que va por Corrientes leo a Cortázar (que hizo del escribir en argentino un arte en sí y del escribir un arte mayor), leo a Martín Kohan o leo a Arlt. No necesito que un personaje de afuera pasee por mi país.

Así como tampoco necesito que a Buk lo putee una mina por teléfono en argentino, como cito a continuation:

“estás hablando como un boludo”,

dijo ella.

“estamos discutiendo”,

dije.

“no”, dijo ella, “estamos tratando de

comunicarnos”.

Otro ejemplo:

Cómo ser un gran escritor:

“tenés que cojerte a muchas mujeres

bellas mujeres

y escribir unos pocos poemas de amor decentes”

Y no, no hay caso. No me llega. Me parece forzado, me parece que no se condice con la imagen mental, con mi representación sobre lo que estoy leyendo. Si el chabón está cogiendo en Los Angeles, para mí está fucking, drilling, follando. No cogiendo. Coger, cogemos los argentinos, los uruguayos.

El otro día leí esa maravillosa novela llamada “Tengo miedo torero” del maravilloso Pedro Lemebel. Transcurre en el Chile pinochetista (no voy a ponerme a hablar de la novela porque estamos en otra cosa, pero agradezco a god que a Lemebel se le ocurriera mostrar al viejoreconchudo como un tipo con una vida doméstica horrible, donde la mujer le vivía dando la lata con monólogos interminables y tilingos y el ladronzuelo éste lo único que quería era que llegara el lunes para volver a La Moneda a azotar comunistas y no escuchar más a la viejareforraladronacorneta de la Lucía).

Bueno, esa novela está escrita en chileno, en esa novela se dice pico, chucha, raja, culiado, poto, raja, fome, ampolleta. No dicen pija, concha, orto etc.

Y ése es el pulso. Ésa es la voz de Lemebel.

Claro que no es traducción, aclaro. Pero sí que es una novela que transcurre en un ámbito donde su lenguaje es propio de ahí y donde esa forma de narrar interpela constantemente la geografía donde se está narrando.

En fin. Quizás no sean más que cosas mías. Pero si leo a un extranjero, si leo a mi amado Hank en un idioma que no es el de él, prefiero abrir el libro y encontrarme esta belleza, tan propia a mí en contenido y corazón como ajena en forma y redacción:

¿Tratas de joderme como a los demás?

¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero?

Usualmente lo sacan de los dormitorios y de los pantalones borrachos y enfermos en el rincón.

La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de 50, pero no mis poemas.

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