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OLE, el sistema de realidad subjetiva que se convirtió en fichín.

Esto tiene 50 años. Osea que de alguna manera vulnera ciertos principios de este, tu blog preferido. Bah, se carga con la premisa básica, esto de “Lo nuevo por nosotros”. Pero como en realidad tampoco es taaan viejo, acá va.
¿Lo tenés a OLE, Objetc Locative Environment?
Es un software hecho por un japonés llamado Jun Fujiki, very clever él, que reproduce de alguna manera los trucos visuales de MC Escher, el artista/ilusionista que a medidados del siglo pasado pintaba esas escaleras imposibles que llevaban a ninguna parte o esas manos escribiéndose unas a otras o esos trucos visuales que excedían los límites de la posibilidad y la probabilidad.

Bueno, casi todo esto lo encontré navegando la web y leyendo a los Microsiervos. Esto es lo que vi:

¿Y de qué manera lo reproduce? Bueno, pone a caminar a un personaje hecho de píxels por lugares en 2D pero a los que nuestra vista les otorga un evidente 3D. Son planos en los que nuestra vista se siente engañada. Ni hablemos de nuestro personaje, el pobre píxel diablo que caerá al suelo o no dependiendo de cuán habilidosos para la perspectiva nos levantemos.
Un cambio no sólo en la perspectiva, sino en la subjetivación: una paradoja no sólo física y visual sino cerebral, porque cambiando nuestro punto de vista no estamos modificando un dibujo, no. Estamos “convenciendo” a un pobre diablo de lo que nosotros, su creador y observador, vemos. Pocas veces me había ocurrido ver algo tan perturbador: no lo podemos mover, está bien, no es como el pacman, que va donde nosotros queremos.
Peor, esta esclavitud no es física, es psíquica: somos el peyote que consume nuestro personaje, lo hacemos pegarse un viaje astral, lo hacemos ver visiones, le decimos que no, que eso que él tiene adelante no es un pozo sino que no es nada, que se mande tranquilo.

¿Entendiste algo? Check this out.

Por ejemplo esta figura:

Creo que dice todo lo que no se puede explicar en palabras. Nos muestra un camino entrecortado por un precipicio.
¿Pero qué pasa si rotamos “nuestro” punto de vista?

Vemos que, por esas cosas de la perspectiva, el abismo deja de existir y nuestro personaje cruza. A esto, el amigo Jun le llama “Traslación Subjetiva”.

Después tenemos el “Aterrizaje Subjetivo”.
Nuestro amigo va caminando, agarra un pozo como el que vemos en el dibujo y se cae.

¿Se cae? No, porque no estás teniendo en cuenta el “Aterrizaje Subjetivo”. La ilusión que se desprende de dotar de dimensiones nuestro objeto 2D y viceversa, conlleva que nuestro héroe zafe, como podemos ver a continuación.

¿Y la “Existencia Subjetiva”? Ahh, pero qué truco inquietante. Es una especie de “si no lo veo, no existe”. Mirá este dibujo. Imposible que pase el chabón (sin saltar, cosa que no puede).

Ahora, con un pequeño movimiento en nuestra perspectiva, lo hacemos “convencerse” de que no hay nada y el tipo agarra y cruza.

Y pasamos a otro, no menos lima neuronas: la “Ausencia Subjetiva”:

Y llegamos al “Salto Subjetivo”: nada, un pequeño salto al que le podemos modificar la parábola, podemos romperle las reglas newtonianas con sólo cambiarle la perspectiva.

La buena noticia.

Y claro, al juego de ilusiones de Escher, modificado, analizado, desagregado y mejorado gracias a la tecnología, le tenía que llegar en algún momento su correspondiente videojuego. Algo que quizás al propio Escher le hubiera fascinado o, quién sabe, hubiera repudiado en el sentido de que en una de esas es más importante el planteo de la idea con sus probabilidades y posibilidades que su consecución teórica.

Por ahora, para Play Station 3 bajo el maravilloso nombre de Echochrome.

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Esperemos que lo migren a PC o a Play 1. O que venga algún hacker samigo y se ponga las pilas y hackee como dios manda.

Por ahora, hasta que salga, el premio consuelo es éste.

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