El fin de “El síndrome Guastavino”, de Trillo/ Varela.

¿El nacimiento de un clásico?  Me parece que sí.

Trillo se pone mejor con los años. Tá bien que hay mucho que él escribe y manda al exterior, así que eso no. Pero tuvimos en el 2003 a Sarna y luego la dulce y catártica Trillo y Grillo (aunque no me terminó de convencer el coloreado ni mucho menos la tipografía, pero no tienen nada que ver con Trillo, obvio). Y más o menos por el número 8 de Fierro, o el 9 o el 7, sale con, para mí, el mejor Trillo en muchísimos años: en dupla con Lucas Varela, pelan “El Síndrome Guastavino”. La historia del empleado de Ministerio (todo un dato) Elvio Guastavino, un sociópata, psicópata, psicótico (no sabría qué) cuya mente enfermiza y enfermada por una crianza algo brutal a manos de su padre, el Capitán Aarón Guastavino, que supo combatir la subversión, se enamora de una muñeca.
Más adelante veremos de quién (o de qué) se está enamorando Elvito cuando se enamora de esa muñeca. Una madre brutalizada primero por ese padre omnipotente y torturador y luego por su ausencia y por la presencia impasible de su hijo, que no duda en cagarla de hambre hasta que la caga para todo el viaje para poder comprarse esa muñeca de sus sueños. Y una especie de novela de aventuras cuando Elvio ve que no puede comprar la muñeca porque ya la compraron y las cosas que hace para conseguirla.
En el medio, la cruel historia del padre, un sadiquito bastante antipático que tortura a sus víctimas (sólo mujeres, el cobardón) y les pone una máscara de muñeca y procede a violarlas: eso te baja a Tierra, te comenta que Elvio no es un limadito fantasioso sino que es un producto de su época. Y un producto bastante jodido.
Y ahí están Trillo y Varela, siguiéndolo de cerca a él y sus avatares (y sin hacernos sentir ni medio gramo de empatía, como aclara Trillo en una nota en el último número). Y Trillo cada vez vomita mejores textos y Varela… qué decir… va enjoyando su estilo hasta ese casi final, irreal de lo real, EXCESIVO, cuadro de Elvio despatarrado en la calle. Hacía mucho que no esperaba tanto un primer sábado de mes.
Ni Lost ni ninguno de los engendros de principio de siglo (ni la tv te derrocará historieta!) me hizo odiar tanto el “continuará en el próximo número”. En fin. Lo mejor de lo mejor. Y terminó este sábado. Y ya no nos queda más que volver a nuestra biblioteca a releerlo tantas veces como podamos. Hasta aprendérnosla de memoria.
Hasta retener en cada una de nuestras neuronas hasta la última de las palabras englobadas en las viñetas de Varela. Hasta ese final a toda orquesta donde –justicia poética- una empleada de la casa de subastas, de origen morocho, le coloca una de las máscaras de muñeca que encontraron en la casa de Elvio –y que no llegaron a subastar- a un busto de nuestro primer milico torturador, el que inició casi todo: el puto del General Roca.

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